|

Los mesones y asadores de Segovia han destacado a lo largo de los siglos por su excelente oferta gastronómica. El lechazo o el cochinilloson parte de la oferta de carnes de los restaurantes de la capital, completada por los productos obtenidos de la matanza del cerdo, ritual que aun se celebra en la provincia en los meses más fríos. Se requiere, eso sí que la materia prima cumpla determinadas condiciones en cuanto a origen (preferiblemente animales oriundos de la zona), edad (21 días para el cochinillo y escasos meses para el lechazo) peso (entre 5 y 6 Kg., el lechazo y no más de 4 kg. el tostón) y, sobre todo la forma de alimentación (solo leche de sus respectivas madres). A partir de ahí, pueden variar ligeramente los usos culinarios (condimentación o acompañamiento) pero el resultado es, en general excelente. Pero no todo es cordero y cochinillo, otros platos castellanos típicos de la zona son la Sopa Castellana, Judiones de la Granja, Truchas de Valsaín, diversos guisos de caza (perdices y codornices) o la caldereta de cordero a la pastora, junto a auténticas exquisiteces de algunas cartas: chuletas de gamo con naranjas, hígados de cabrón con ruibarbo. También los ríos serranos aportan la exquisita trucha, y las huertas una variada y rica oferta de temporada. La repostería destaca por postres ideados con delicadeza por monjas de clausura, experimentados pasteleros y reporteros concienzudos:rosquillas, soplillos, florones, hojuelas, tortas.. y, sobre todo, el delicado ponche segoviano. Tampoco conviene hacerle ascos a chorizos, morcillas y demás embutidos, que en la provincia tienen centros afamados como Cantimpalos y La Matilla. Entre los vinos también hay donde elegir, pero el acierto también está asegurado si se prefieren los de Ribera de Duero o aquellos que tienen su solar en tierras de la provincia, como los de Nieva, Sacramenia o Valtiendas.
|