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Túnez
Escrito por Pascual Hernández. Fotos: Viajeroshoy    PDF Imprimir E-mail

Con vistas al Mediterráneo

Descubre la capital y sus bellos y monumentales alrededores: Sidi Bou Said, La Goletta, Cartago...

Tunez

El 14 de enero de 2011 la Revolución de los Jazmines devolvió la democracia al país africano más abierto y europeo, por su permanente contacto cultural y turístico con Occidente. Viajé a Túnez al año siguiente para vivir el primer aniversario de ese día de celebración y júbilo con los tunecinos, entre la emoción de asistir a una fecha histórica -Túnez fue el primer país en iniciar ese movimiento que se llamó La primavera Árabe, que luego se extendió a países como Egipto, Libia y Siria- y la preocupación por las imágenes que llegaban hasta Europa sobre las manifestaciones en otros países árabes. Al llegar al aeropuerto de Cartago, situado a 6 km del centro de la capital, Túnez o Tunis, se disiparon buena parte de mis dudas al reinar un ambiente sereno, seguro y tranquilo. Como lo fue el trayecto al Regency Tunis Hotel situado en La Marsa, 20 km al norte del centro de la ciudad, junto a las bellas costas de la legendaria ciudad de Cartago. El Regency es un resort de 5 estrellas situado junto al Mediterráneo y con todos los lujos que uno pueda desear: Spa, dos piscinas al aire libre y una cubierta, gimnasio, tres restaurantes, discoteca y amplias y confortables habitaciones con baño completo, televisor, mini bar, servicio de café y te, acceso a internet y wifi gratuito. Un lugar idílico para descansar y prepararme para las celebraciones del día siguiente: el esperado 14 de enero.

Aniversario en la Avenida Habib Bourguiba

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La mañana siguiente me dirigí hacia el centro de la ciudad hasta la Avenida Habib Bourguiba donde iba a celebrarse el primer aniversario de la Revolución de los Jazmines. El centro de la capital tunecina está compuesto por dos ciudades muy diferentes: al Oeste, la Medina, el casco antiguo musulmán que apenas si ha cambiado de aspecto desde la Edad Media y donde se encuentra el Túnez más genuino y atractivo para el turista. Allí están los zocos donde los comerciantes venden sus perfumes, alfombras, cerámica, ropas, joyas, orfebrería... las mezquitas que llaman a la oración cinco veces al día... los palacios de bellos arcos, patios, celosías y arabescos que parecen haber sido escenario de un cuento de las Mil y Una Noches, las estrechas callejuelas con casas encaladas y puertas con arcos de madera y aldabas, cafeterías donde los tunecinos fuman en narguiles (pipas de agua y tabaco aromático) mientras toman un delicioso té verde... los hammamo baños tradicionales con entrada separada para mujeres y hombres... las madrasas donde los niños van a ser formados... Es el Túnez más árabe y tradicional. Enfrente, al Este de la ciudad, encontramos la parte nueva, la Ville Nouvelle, construida por los franceses durante la ocupación del país (Túnez se independizó de Francia en 1956) donde existen grandes avenidas como la Habib Bourguiba, la Avenue de France, la Avenue de París, Avenue Cartago, Avenue Habib Thameur, Avenue de Londres, etc., con rascacielos, hoteles y teatros de estilo Art Nouveau y Art Deco, una catedral católica, cines, tranvías, comercios de marcas occidentales, bares y cafés al estilo europeo. Una parte nueva que se construyó tras drenar una gran extensión del enorme lago interior salado existente junto a Túnez ciudad y cuyas aguas casi llegaban hasta las mismas murallas de La Medina. El enorme plan urbanístico creó una ciudad moderna que hoy convive con la tradicional Medina. Dos ciudades en una misma ciudad.

La gran avenida arbolada Habib Bourguiba -en honor al héroe de la independencia y presidente tunecino en 1956 Habib Bourguiba- realizada a semejanza de los parisinos Campos Elíseos es el centro neurálgico de esa Ville Nouvelle. En uno de sus extremos destaca la Torre del Reloj, construida para celebrar la independencia del país. Se trata de una enorme, estilizada y puntiaguda torre de 30 metros de altitud decorada con fina tracería de color rojo óxido con un reloj en cada una de sus cuatro caras culminado en lo alto por una pirámide dorada. Por la noche se ilumina y es punto de encuentro de los jóvenes.

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A primera hora de la mañana me encontraba junto a la Torre del Reloj y ya empezaban a verse grupos de tunecinos ataviados o portando su bandera roja con la media luna blanca y una estrella en el centro profiriendo gritos de alegría y libertad. A medida que pasaban las horas los grupos aumentaron, así como el bullicio y el griterío nacionalista. A mediodía paseaban mareas humanas a lo largo y ancho de toda la Avenida Habib Burguiba y resultaba ya intransitable. Aquellas masas me recordaron momentos vividos durante la transición española cuando simpatizantes de los partidos políticos tomaban la calle reivindicando su lugar. La policía vigilaba el orden a cierta distancia puesto que allí se encuentra el Ministerio del Interior Tunecino, la Embajada Francesa y otros edificios importantes, aunque no intervino dado el ambiente festivo.

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Aprovecho para recorrer los cafés de la avenida (Café Tunis, Café Claridge, Le Parnasse...) y descubrir las costumbres de los tunecinos. En una terraza se sienta una joven pareja de enamorados, ambos con indumentaria occidental, mientras en la mesa de al lado beben té dos ancianos vestidos a la manera tradicional árabe con chilaba e incluso uno de ellos tocado con chechia (el gorro rojo típico tunecino). Al lado pasean otras tres jóvenes ataviadas con velo. Más allá un par de madres con traje de chaqueta llevan a sus hijos de la mano. Un auténtico carrusel visual de indumentarias occidentales y árabes que se cruzan con total normalidad ante mi fascinada mirada. Camino junto al Teatro Municipal, obra de los franceses a inicio del siglo XX con fachada blanca estilo art nouveau y bello estucado que sigue siendo punto de encuentro para conciertos y conferencias.

Más adelante, a la altura de la Plaza de la Independencia, frente a la Embajada de Francia, se encuentra la única catedral católica del país abierta al culto, San Vicente de Paúl. Una bella catedral construida en 1882 sobre el solar de un antiguo cementerio cristiano. Posee dos torres gemelas a cada lado de la fachada y fusiona la arquitectura gótica y árabe, destacando su cúpula bizantina. En la puerta de la catedral una monja española me informa que al templo sólo entran cristianos extranjeros, como exige el acuerdo tácito entre la orden religiosa y el estado tunecino.

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Busco La Medina, por la moderna Avenue de France, entre cafés, comercios y bancos hasta vislumbrar la Puerta de Bab el Bahr. La puerta marca la línea divisoria entre la Ville Nouvelle y La Medina. Su nombre significa Puerta del Mar, ya que como he indicado antes hasta aquí llegaban las aguas del lago Túnez cuyas orillas quedan ahora a 1,5 km de distancia tras el drenaje realizado por los franceses. Inspirada en el Arco del Triunfo de París, la puerta actual fue levantada en 1848 por el bey Ahmed. Antes de cruzarla, a la izquierda, encuentro el Mercado Central, edificio cubierto que data de la época francesa, donde los tunecinos realizan la compra diaria en los puestos de fruta, verduras, pescados, carnes... y sorprende a la entrada con los olores que proporcionan las macetas de hierbas aromáticas como jazmín, albahaca, buganvilla...

La Medina

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Cruzo la puerta de Bab al Bahr, en la Plaza de la Victoire y llego a La Medina, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Puestos ambulantes de alfombras expuestas en el suelo, babuchas en las paredes, caftanes colgados de perchas, pañuelos, bolsos, maletas, pufs, faroles, platos de cerámica... que se exponen en pequeñas tiendas que se suceden a lo largo de estrechas callejuelas de los más de 20 zocos existentes  en La Medina. Coloristas y abigarrados, los más lujosos, donde se venden joyas, alfombras y perfumes, se sitúan en las proximidades de la Gran Mezquita. A cada paso te asalta un experto vendedor y fisonomista: "español, más barato que Carrefour" y te suelta un precio que por supuesto invita al regateo. Casi siempre puedes conseguir el objeto que te ofrecen por un tercio del precio inicial tras las oportunas contraofertas. Aun así te irás con la sensación de que podías haberlo obtenido por menos y seguro que es así. No en vano llevan siglos regateando.

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Tras la inevitable compra tomo un maravilloso té verde que ofrecen al tiempo que me invitan a entrar a un pequeño café donde los tunecinos fuman narguiles. En estos cafés sólo hay hombres, aunque unos metros más adelante otros pequeños restaurantes abren sus mesas a hombres, mujeres y familias que disfrutan de ligeros almuerzos a base de ensalada, hojaldre relleno de huevo, kebab... En estas callejuelas se grabaron diferentes escenas de El paciente inglés. Uno de los zocos más visitados es el Zoco et Trouk, junto a la puerta norte de la Gran Mezquita, donde se encuentra la popular tienda de alfombras de Au Palais d´Orient que posee una excelente vista del Patio de la Gran Mezquita y de los alminares de La Medina, así como el Café M. Rabet que cuenta con un restaurante en su primera planta donde escuchar música tradicional tunecinay también contemplar La Gran Mezquita.

La Gran Mezquita

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La Medina tiene su centro en la Gran Mezquita, la más grande de la capital tunecina, cuya construcción se inició en el siglo VIII y en la que sobresale el gran patio de mármol pulido que está rodeado en tres de sus partes por bellas arcadas porticadas, y el alminar de 44 metros con laboriosos relieves. No se permite la entrada a los no musulmanes a la Sala de las Oraciones. Fotografío el hermoso patio y respeto la oración que en esos instantes practica un musulmán. Junto a ella se encuentra el complejo de las Tres Madrazas, donde los alumnos estudian el Corán. Construido en el siglo XVIII en tiempos de la dinastía de los Husain, la más antigua es la Madraza de la Palmera (1714) con un precioso patio con arcos de herradura y una palmera en el centro.

La Madraza Bachia data de 1752 y junto a su entrada existe una bella fuente con pequeños estanques. La tercera es la Madraza Slimania construida por el pachá Alí y en ella destaca su decoración de estuco y azulejos. También merece la pena visitar la Mezquita Sidi Youssef, situada en una primera planta, sobre las tiendas, que posee un bellísimo alminar de 1616 de torre octogonal, así como la Mezquita de la Kasba cuyo bello y rectangular alminar es el más alto de La Medina.

 

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Pasea por las calles Rue du Pasha, Rue Jemaa Zitouna, Rue de la Kasba o la Rue de la Hafsia donde te transportarás a arquitecturas y tiempos pasados. Descubrirás Dar el Bey, en el extremo sur de la Place du Gouvernement y en el mismo lado de la mezquita Sidi Youssef, antiguo palacio de los beyes que hoy acoge el despacho del primer ministro. Su imponente fachada del siglo XVIII esconde un lujoso palacio erigido en 1795 para recibir huéspedes importantes. Otros palacios de enorme belleza son Dar Othman (Rue el M´Bazza,16) de 1594, con fachada revestida de mármol blanco y negro, y decorado en el interior con bellísimos artesonados de madera y mosaicos; Dar ben Abdallad (Rue Ben Abdalad) construido en el siglo XVIII y hoy convertido en Museo de Arte y Tradiciones Populares, que posee un patio con altas galerías porticadas y muros decorados con cerámica. Asimismo, Dar el Haddad data de finales del siglo XVI y perteneció a una rica familia andalusí que se trasladó a Túnez tras la caída de Granada. Su hermoso patio posee una galería porticada profusamente decorada y las paredes están revestidas de bellos azulejos. Antes de abandonar La Medina almuerzo en el Restaurante Dar el Jeld (Rue Dar El Jeld, 5-10). Por supuesto pruebo el delicioso cuscús con cordero acompañado de un platito de barissa (salsa picante a base de guindilla, ajo y aceite que se unta en pan), té y los incomparables dulces árabes.

Museo de El Bardo

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Tras el almuerzo visito el magnífico Museo Nacional de El Bardo, situado 4 km a las afueras de la ciudad, en el barrio del Bardo. Desde el centro se accede a él en el tranvía nº 4. El museo ocupa 9.000 m2 de una antigua residencia de los sultanes hafsidas del siglo XIII que fue reconstruido como palacio del bey. Desde 1888 acoge la más fascinante colección de mosaicos romanos de los siglos II al IV, procedentes de ricas residencias, así como maravillosas piezas arqueológicas encontradas en las excavaciones de Cartago, Ùtica, Hadrumetum, Dougga y en un barco hundido en el siglo I a. C en la costa de Mahdía: Máscaras funerarias púnicas, estatuas de mármol, bronces griegos, azulejos y mosaicos islámicos. El edificio posee tres plantas con salas dedicadas a los mosaicos romanos; una gran colección de esculturas romanas, que se engloban en dos grupos: La sala de los retratos de emperadores romanos y el salón de Cartago romana; restos de la prehistoria; arte Líbico-púnico; arte cristiano e islámico (dividida en dos secciones: una islámica medieval y una sección etnográfica de artes y tradiciones populares de los últimos dos o tres siglos en Túnez). Una visita imprescindible. Abierto de 9 a 17,30h.

Sidi Bou Said

A la mañana siguiente visito la costa al este de Túnez para conocer Sidi Bou Said, Cartago y La Goulette. Los alrededores de Túnez cuentan con más de 25 km dehermosas playas a lo largo de pequeñas y bellísimas poblaciones marineras de casas blancas, habitadas por pescadores, comerciantes y artesanos todo el año, y que al llegar el buen tiempo son invadidas por el turismo al ser muchas de ellas lugar de segunda residencia de la burguesía de la capital tunecina. Sidi Bou Said es quizá la más espectacular.

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Situada 20 km al norte de Túnez, la ciudad se asienta sobre un acantilado con magníficas vistas sobre el golfo de Túnez y se caracteriza por estrechas callejuelas en cuesta de paredes blancas inmaculadas con puertas árabes en color azul. Su belleza atrajo hasta aquí durante los años 20 del siglo pasado a numerosos artistas vanguardistas como André GideJean Paul Sartre,Simone de BeauvoirPaul Klee. Debe su nombre a Sidi Bou Said (1156-1231), sufista que se estableció en el pueblo tras peregrinar a La Meca, y lo convirtió en centro del sufismo. Paseo por sus calles en busca del Café des Nattes, el local más conocido del pueblo, entre comercios que venden reproducciones de mosaicos de Cartago, alfombras, camellos de peluche, cerámica, ropas, espejos... Al final de la calle principal encuentro, en lo alto, el famoso café con sus bellas escalinatas, terraza y puerta en forma de herradura, que fue lugar de reunión de los intelectuales franceses como reflejan las fotos existentes en su interior. Interior que permanece igual que entonces, con el techo de artesonado de madera, columnas en tonos rojos y verdes y bancos de piedra blanca corridos con alfombras sobre las que sentarte para tomar un delicioso té verde con piñones.

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Tras visitar el Café des Nattes, uno de esos lugares que se guardan en la memoria con el paso de los años, subo una estrecha callejuela que hay a su izquierda hasta el pequeño cementerio situado en un montículo donde descansan los restos de Sidi Bou Said y desde donde se contempla una hermosa vista del Mediterráneo. Paseo entre naranjos y flores hasta otro lugar de visita obligada: el espléndido palacio de Dar Ennejma Ezzahra hoy convertido en Centro de Música Árabe y del Mediterráneo. El palacio, edificado entre 1912 y 1922, por el barón Rodolphe d´Erlanger, miembro de una rica familia francesa de origen alemán que se enamoró de Sidi Bou Said y dejó la vida de banquero para dedicarse a la pintura en este paradisíaco lugar. El palacio ocupa una pequeña colina junto al mar y su interior, decorado con motivos, mobiliario y arquitectura árabe, es maravilloso. También posee un bellísimo jardín persa. Abandono el palacio del barón para dirigirme a otro enclave espectacular del Pueblo, el Café Sidi Chabanne, que posee una maravillosa terraza con vistas al pequeño puerto deportivo, al puerto pesquero y a la playa. Lugar excelente para tomar un té o un refresco mientras disfrutas de la panorámica aunque con precios de turista. Tras el esfuerzo de subir y bajar callejuelas llega el momento de parar para reponer fuerzas y nada mejor que el Restaurante Dar Zarrouk, excelente tres tenedores con salones con vistas al Mediterráneo. Buen pescado y marisco que acompaño con cerveza. Aunque los países islámicos desaprueban el consumo de alcohol en Túnez está permitida su venta en los lugares autorizados y puedes solicitarla en restaurantes, hoteles, etc.

Cartago

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Reservo la tarde para visitar la mítica Cartago que llegó a ser la metrópolis más importante del Mediterráneo en época fenicia (fue fundada en el año 814 a. C) y que hoy en día es un bello y devastado conjunto de ruinas. Entre restos como las Termas de Antonino -quizá el conjunto  mejor conservado-, el anfiteatro, las Villas romanas y el Museo de Cartago trato de hacerme una idea de la majestuosidad de este conjunto cuando su puerto, hoy desaparecido, acogía a más de 200 naves. Restos de bellos mosaicos de niños jugando en una antigua escuela, restos de la  basílica de San Cipriano y del teatro de Adrianodel siglo II, o de las impresionantes cisternas que abastecían de agua la ciudad. Desde las Termas de Antonino se contempla, en una elevada colina, el actual Palacio Presidencial rodeado por una abundante vegetación y seguridad. Junto a las ruinas, en la colina de Birsa, se encuentra la catedral de San Luis, construida en 1890 con dos bellas torres y cúpula, que fue cerrada al culto en 1964 utilizándose desde entonces como auditorio de música y centro de exposiciones. Tras visitar el Museo de Cartago (mosaicos, esculturas fenicias y romanas, jarrones de bronce, vasijas púnicas, utensilios domésticos...) abandono Cartago en dirección a La Goulete.

La Goulette

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Situada a 15 km al noreste de Túnez, La Goulette es el lugar que muchos habitantes de la capital eligen para disfrutar de excelente pescado y marisco en alguno de sus buenos restaurantes, ya que es uno de los más importantes puertos pesqueros de Túnez. En el tren TGM apenas si se tardan 10 minutos desde la capital a La Goulette. Siempre ha sido un puerto importante para la zona. De hecho en el siglo XVI era un refugio de piratas
que fue atacado por tropas españolas y en 1533 Carlos V mandó construir en el lugar un fuerte que todavía hoy puedes visitar. Posteriormente la ciudad creció al construirse en los siglos XVII y XVIII un canal, la dársena y el arsenal. En la actualidad todos los transbordadores que navegan a Italia y Francia parten de su puerto. Vale la pena pasearse por ella al caer la tarde o la noche. Aquí fue recibido y aclamado por la multitud Habib Bourguiba, el héroe de la independencia tunecina, al regreso de su exilio, tras la proclamación de la Independencia de Túnez en 1956. Y otro acontecimiento que la población lleva a gala es que en su pequeño barrio italiano nació la bellísima actriz Claudia Cardinale. Un tunecino me enseña el solar en el que afirma se encontraba la casa donde nació la actriz. Quizá sea cierto o tal vez no. Lo que sí compruebo es que las tunecinas son muy bellas y es un pueblo de trato amable. Sin embargo, antes de ir infórmate de la situación política del país, muy cambiante en los últimos tiempos.
Por supuesto Túnez es mucho más: Túnez es también las hermosas playas de Hammamet, la isla de Djerba, el lago salado de Chott el JeridTabarcaTozeur y el desierto. Pero eso será en otra ocasión.

 

 

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