| La cata del Tequila | ||||
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El tequila posee una gran complejidad aromática que le viene dada tanto por su materia prima, el agave, como por el proceso de elaboración. Podemos encontrar aromas dulzones, matices herbales, especiosos, tonos frutales y notas de vainilla, caramelo, chocolate, etc. Al igual que en los vinos, tras abrir un tequila blanco espera 5-10 minutos antes de beberlo para que respire, luego pon una pizca de sal en la lengua (aumenta la salivación y reduce el impacto quemante de la bebida) bebe un sorbito y muerde una rodaja de limón, así disfrutarás plenamente su sabor. No todos los tequilas se beben de la misma manera, puesto que los reposados y añejos son tan suaves que no necesitan ni sal ni limón. Asimismo, cada tequila debe beberse en su copa adecuada: el blanco en el típico caballito (vaso tequilero de vidrio y forma cilíndrica), el reposado en una copa cherry y el añejo en copa de coñac.
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Si deseas conocer la ciudad que le ha dado nombre al Tequila ahora que el paisaje agavero ha sido designada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, la Academia Mexicana del Tequila organiza viajes que realizan dos rutas:
Tras un riguroso proceso en el que se seleccionan los ágaves en su punto óptimo de madurez y en el que se analizan en laboratorio sus niveles de azúcares, las piñas o corazón de ágave (algunas pueden alcanzar hasta los 80 o 100 kilos de peso) son partidas en dos o cuatros partes para favorecer su perfecto cocimiento en hornos. El proceso de cocción se prolonga por espacio de 48 horas inyectando vapor de agua en el horno, lo que permite desdoblar los azúcares y que los jugos o mostos queden listos para la fermentación.